Como este blog es un servicio a la comunidad, hoy te voy a explicar algo muy importante con conceptos simples. No como Jesús, que quería que lo entendiéramos y al final sus parábolas eran más intrincadas que las derivadas e integrales del CBC.
Les voy a explicar cómo es la vida.
La vida es una papa. No, esa papa no, drogón malpensado. Tampoco una papa de "qué facil es vivir", me refiero al tubérculo. Hacé de cuenta que nacés y ¡BAM! te dan una nalgada y una papa.
A la papa la podés pelar, hervir y chau picho. O podés limpiarle bien la cáscara con un cepillo bajo el agua, cortarla en cubos, ponerla en una fuente para horno y rociarla con aceite de oliva, romero fresco y pimienta recién molida. Y esperar a que el fuego ponga a la papa doradita y crocante. O sea, que tu papa sea desabrida o deliciosa depende un poco de ir aprendiendo a cocinar, de cuán amplio sea tu gusto, de los ingredientes que tengas en la alacena, y cómo manejás todo esto con tu ingenio.
Acá entra también el factor suerte: "Che, no tengo un mango para un oliva bueno y el molinillo de pimienta cuesta un huevo". Tampoco es lo mismo ser un tubérculo en una tierra pródiga en minerales que en un terreno reseco.
Y sí, la guita ayuda mucho a que tu papa sea más rica, para qué negarlo (recién ahora me doy cuenta de que "rico" sirve para referirse a alguien con plata y también a algo sabroso). Pero fijate que podés tener un montón de plata e igual no saber cocinar. Te conviene aprender. Claro, podés pagarle a alguien para que te haga las papas, pero nunca vas a estar comiendo como lo dictan tus tripas y tu corazón. A la larga sos infeliz.
Así que el dinero ayuda a que tu papa sea rica, pero no es un factor determinante. Una plantita de romero cuesta $6. Seis pesos en Belgrano que es un barrio caro, imaginate en los mercaditos de Liniers.
La papa queda bien con quesos, limón, manteca, sal, podés pisarla, hornearla o freírla, (aunque no lo recomiendo, engorda más), podés ponerle un día eneldo y salvia y al otro día vinagre y perejil, dejarle la cáscara o sacarla, pasarla por la mandolina o hervirla entera para que tenga más almidón, ponerla en las brasas de la parrilla, en fin, las papas no tienen límites. Hay postres dulces hechos a base de papa, con esto me refiero a que hay que abrir la cabeza y ampliar los gustos, o tu papa será un embole.
¿Se entendió? Fijate bien cómo cocinás tus papas, antes de que se pongan feas.
Se me ocurren muchas cosas más para desarrollar la parábola de la papa, pero me las reservo para mi futuro
best seller de autoayuda. Igual ya me estoy imaginando todas las barbaridades que van a decir en los comentarios.
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| Orgía interracial. |