Dos veces dejé el mundo de las compañías de seguros para vivir de la creatividad. La primera vez me fue mal; la segunda lo logré - en parte, gracias a este blog.
En el año 2006 empecé a trabajar en una compañía de seguros patrimoniales, que ya no existe más. Ganaba lo suficiente como para bancar mis estudios. Estaba en segundo año de Diseño de Imagen y Sonido, una carrera costosísima.
Me iba bien en seguros. El mundo de las pólizas y los siniestros es más interesante de lo que parece. La compañía sólo tomaba patrimoniales de grandes empresas, lo que hacía todo más emocionante. Un combinado familiar por $30.000 es un aburrimiento; una póliza de responsabilidad civil por
USD 1.000.000...ese es otro cantar. Equivocate en la revisión de una cláusula y hablamos.
La oficina era linda y yo ganaba más dinero del que nunca había tenido. Estaban contentos conmigo y me auguraban una gran carrera como maritimista (especialista en pólizas de transporte marítimo. Hay pocos de ésos en Argentina) Sin embargo, muy en el fondo, los seguros no me hacían feliz.
Sentarme a estudiar una película neorrealista me daba una satisfacción que los certificados de cobertura, por arriesgados que fueran, no me daban. ¿Se acuerdan de
Amiga que Adoro? Ella era ejecutiva en esa empresa, allí nos conocimos. Me conmovía cómo amaba su trabajo, la pasión con la que estudiaba las pólizas, lo tozuda que era para discutir una cláusula. Me costó mucho ser honesta conmigo misma y admitir que mí no me pasaba lo mismo. Aún más me costó decidir que quería vivir de algo que me gustara, aunque eso implicara dejar lo(s) seguro(s).
A mediados de 2007, quedé internada por una supuesta infección renal. Más adelante, los médicos descubrieron que no se trataba de una infección sino de una enfermedad crónica llamada Nefropatía por IGa. La nefropatía me dio pie para armar
el blog más tristemente célebre que he tenido, aunque muchos de ustedes no lo conozcan.
Hacia fines de 2007, Amiga que Adoro se fue a un broker. Me ofrecieron su puesto: un ascenso muy importante para alguien que había comenzado como recepcionista.
Y yo dije que no.
Poco después, a comienzos del 2008, me fui a trabajar como recepcionista part-time en otra empresa de seguros. Cambié las 9hs diarias por 4hs de trabajo, para poder dedicarme al mundo del diseño. El ambiente de de esta empresa era tan horrible que me fui después de unos meses. Antes de irme, para mitigar el mal rato que pasaba ahí adentro,
abrí este blog.
Conseguí trabajo como editora freelance de videos. También maquillaba en cortometrajes y otras producciones. Estaba casi todo el día en casa, en bata.
Y no ganaba un mango.
Recuerdo con tristeza esa época. Estaba tratando de vivir fuera de la oficina, pero las cuentas no cerraban. Tan simple como eso. No es que mi familia no me ayudara, pero yo ganaba mi dinero desde chica y no ser independiente me desesperaba. A veces me odiaba. ¿No era más fácil si me gustaban los seguros? ¿Por qué no me gustaban las carreras baratas y rentables, como Derecho o Ingeniería? ¡Imagen y Sonido! ¡Qué pelotuda! Lo peor fue descubrir que lo que creía que me gustaba hacer, no me gustaba tanto como para esperar a que fuera rentable.
Antes de que terminase el 2008, estaba de nuevo trabajando en seguros, en el mismo broker que Amiga Adorada. Volví a viajar al centro, a trabajar de 9 a 18, a vestirme con zapatos y camisas. A redactar certificados de cobertura.
Dicho así suena triste, pero yo no me sentía tan mal por haber vuelto. No era un trabajo que me disgustara realmente. Pero tenía la sensación de que nada me conformaba: si en la oficina ganaba bien, me aburría el trabajo. Si editar o maquillar me divertían, ganaba poca plata. Yo no quería las cosas a medias tintas. Quería todo.
Y así fue mi primer intento. Me fui de los seguros y menos de un año después, regresé. La próxima les cuento el segundo intento...que tiene final feliz.