9.27.2011

Mi mamá es la más linda y más mejor mucho de todas

Cuando somos niños creemos que mamá es la persona más maravillosa del mundo. Después crecemos y nos damos cuenta de que es sólo un ser humano más, con sus defectos y virtudes. Mi vieja tiene 50 años y no es la excepción, pero es...diferente a las demás madres de su generación.

Daniela y yo no nos dimos cuenta hasta hace poco, cuando enumeramos una serie de evidencias:

-Cuando pusimos cable, en vez de mirar telenovelas mi mamá se la pasaba mirando capítulos de Star Trek y de Batman (con Adam West). "Me encantaban cuando era chica".
-Zapping: entre una comedia romántica y Men in Black, elige MIB.
-En su casa se habla con frases de Volver al Futuro. Ante las situaciones de apuro dice: "¡Sálvate Marty!".
-Distingue a todos los personajes de Dragonball sin ningún problema. De hecho, estos conocimientos le han sido de gran ayuda para ganarse el favor de sus alumnos (es maestra)
-Jamás miró una telenovela. La única que alguna vez le interesó fue El Clon, porque tenía científicos y dilemas bioéticos. 
-Cuando cumplí once años, me regaló el primer tomo de El señor de los anillos. Vio que me gustaba, y me compró los otros dos tomos. Este fue uno de los hitos que marcaron mi personalidad, para siempre. Cuando lloré por la muerte de Gandalf, ¿ustedes creen que mi vieja me dijo que no pasaba nada, que volvía? No señor, me instó a seguir leyendo y se cuidó muy bien de arruinarme la sorpresa. Repito: yo tenía once años. 

Mi vieja no califica como nerd porque no le da la edad ni tiene todas las características. Es cero tech, por ejemplo. Pero podemos decir que fue una pionera de la cultura nerd. O de la protocultura (chiste para entendidos) No conozco otras madres de 50 años que sepan qué es una esfera del dragón, y aunque a muchos les puede parecer una pavada, para mí es importante y me pone muy orgullosa.

Ma: gracias por tanto, perdón por tan poco. 

9.14.2011

Me chupa un

Me llega un mail cuyo asunto dice: "Sexualidad femenina consciente - taller con huevo de piedra".

Taller.con.HUEVO.DE.PIEDRA.

Se me ocurren tantas cosas que no sé ni por dónde empezar, arranquen ustedes en los comentarios.

9.05.2011

Cómo dejar un trabajo de oficina - última parte

Dos veces dejé el mundo de las compañías de seguros para vivir de la creatividad. La primera vez me fue mal, y se los conté en este post; la segunda fue la vencida, y lo cuento hoy. 

En marzo de 2009 estaba trabajando en un broker de Seguros.  Me faltaba poco para terminar la carrera; consulté si podía tomarme unos meses en el trabajo (sin goce de sueldo, claro), y retomar luego. Mi intención era terminar la bendita carrera de Diseño de Imagen y Sonido de una buena vez, y trabajando 9horas diarias me iba a llevar entre uno y dos años más.
¡Mi jefa me dio el visto bueno! En abril dejé la oficina y me dediqué exclusivamente a cursar y dar finales. Vivía de los ahorros que había juntado en esta segunda vuelta al mundo de los seguros. 

Fue la época que más disfruté de mi carrera, porque tenía tiempo para dedicarle. También tenía tiempo para pensar en lo que realmente quería. Como les contaba, durante el período en que trabajé freelance como editora y maquilladora me di cuenta de que no me gustaba tanto como para esperar a que fuera rentable. Pensaba que quería ser guionista, pero tampoco lo disfrutaba tanto. Por otra parte, ese año pasaron dos cosas importantes: comencé a trabajar como ayudante en la facu, y me adentré de lleno al mundo de los blogs. Descubrí que amaba ambas cosas, enseñar y escribir.

En agosto de 2009 regresé a la oficina al tiempo que preparaba el último final (una suerte de tesis muy loca sobre la época clase B de David Cronenberg, algún día les contaré) Algo curioso ocurrió en aquel entonces. Mi mejor amiga me dijo que había descubierto el trabajo ideal para mí: redactora creativa. Una semana más tarde, el que por aquel entonces era mi novio me dijo exactamente lo mismo. Sin saber que mi amiga también me lo había dicho...

El 17 de octubre de 2009, día peronista y soleado, me recibí. Seguí trabajando en el broker de seguros.

Pero me puse a investigar qué hacía un redactor creativo, y me di cuenta que era para mí. No era diseño audiovisual (aunque se tocaran), ¡era crear con palabras! Decidí intentar dejar la oficina por segunda vez, buscando trabajo en redacción. Problema: no tenía carpeta creativa. No tenía material que mostrar...excepto, tal vez, Alabelicius. Este blog que había abierto para divertirme en la oficina.

Mandé muchísimos currículums, fue dura la búsqueda. Tenía mucha experiencia en Seguros y en cortometrajes, ¿pero eso qué demonios le importaba a una agencia de publicidad/diseño que buscaba un redactor? La nada misma. Además ya tenía 26 años, y empezaba a quedarme afuera de esas búsquedas perversas que piden "hasta 24 años". Eso me entristecía.
Pero un día me llamaron de un lugar al que había mandado un CV, había visto el aviso en Adlatina. Al entrevistador le interesó que fuera egresada de Imagen y Sonido y aún más que fuera ayudante. Sudé un poco cuando puso mi blog en la computadora, porque apareceste post. Milagro, le gustó. El primero de enero de 2010, comencé a trabajar en una agencia de interactive.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de esto...? No estoy segura. Me parece que tardé mucho en dejar el trabajo de oficina por dos cosas. Por un lado, no sabía lo que realmente quería hacer, me costó descubrirlo. Por el otro, la oficina me daba seguridad. Trabajo fácil y buen dinero eran cosas que me tranquilizaban y me sostenían. Sospecho que también está relacionado con un tema de pareja, pero es largo y retorcido como para explicar acá. De todas formas es similar al tema de la oficina: no es fácil dejar lo que nos resulta cómodo.

Con el tiempo, viré al Social Media pero nunca dejé la redacción. Pasé por otros trabajos, hice seminarios de creatividad, concursé mi cargo docente...me pasaron muchas cosas divertidas y gratificantes a nivel laboral desde aquella primera agencia. También me pasaron cosas estresantes y hasta desagradables, no vamos a decir que es todo risas y rosas porque estaría mintiendo.

Eso sí: ¡nunca más volví a trabajar en Seguros, ni a vestirme con camisa y zapatos para ir al laburo!