2.21.2011

Un cuento con chinos, judíos y princesas.

Esto ocurrió en el Año Nuevo Chino. Mi novio y yo caminábamos por Juramento. Él tenía una bolsa con sésamo en la mano y yo chupaba un helado de palito. Había mucha, pero mucha gente en la calle. 

Detrás nuestro dos chicos conversaban. No los veía, pero los oía: hablaban del "problema judío". No recuerdo toda la conversación, sé que la escuchamos por un largo rato. Hasta que alguien se cansó. 

-Boludo, no se bañan los judíos, tienen ese olor a no sé, a pata. Creo que se bañan los sábados nada más. Y son todos, pero todos ladrones boludo. Son como una sociedad, se conocen todos, están todos de acuerdo. Kristina es una chorra porque es una judía de mierda.

Cristian me dio la bolsa de sésamo en un gesto brusco. 

-Es judía?
-Sí, no lo dicen pero la madre es judía, la abuela, no sé cúal. Y el fiambre también es de familia judía. Todos chorros. 
-Boludo, están en todos lados. Hijos de puta. Los judíos son más nazis que los nazis, hay que limpiarlos a todos. ¿Te imaginás coger con una judía? ¡Qué asco!
-Se la ponés y te la saca cortada.
-Tenés que cagarla a patad...

-OÍME ENFERMO, ¡DEJÁ DE HABLAR PELOTUDECES!

Cristian se dio vuelta y escupió las palabras a centímetros de la cara del pibe. Blando y asustado, se quedó tieso mientras mi novio lo fulminaba con los ojos. El otro chico se echó para un costado, y la gente alrededor se quedó helada. 
Cabe aclarar que mi novio es morocho, barbudo, y usa ropa deportiva.* 

-¡MI MEJOR AMIGA ES JUDÍA, IMBÉCIL! - el chico lo miraba sin poder creer lo que pasaba. 

-Por favor, pará, basta - tiré del brazo de Cristian. Se separó y escupió al piso. 

-Forro. Sos un forro, ignorante de cuarta - repetía, mientras lo arrastraba para cruzar la calle. Los chicos se alejaron. 

-Qué cagones - aporté.  

Llegamos a la plaza de Barrancas y nos sentamos en el pasto. Cristian estaba alterado. 

-No lo tendría que haber hecho, pero no me pude contener. ¡Pelotudos de mierda!

-No, no deberías. Podrían haberte pegado. 

-Ya sé - dijo, enojado.

La cuestión es que a mí me asustó, y me encantó. Me derritió ver a mi novio fuera de quicio, defendiendo algo en lo que cree, con los puños cerrados. Tener que separarlo para que no se agarre a trompadas. Estar con un macho, bah. 
Y entonces me cuestiono: ¡¿tantos años de liberación femenina para que, al final, lo único que yo quiera sea un príncipe que me proteja?! 

¡Tiene que ser culpa de Disney!




*Creo que lo de la ropa deportiva lo afané de un viejo post de Pájaro en Mano. No sé, me suena a que no lo inventé yo.