Sobre Portugal diremos poco y nada. Amén de ser el país más irrelevante de Europa, ha creado a Saramago, al Brasil y al portugués, la hermosa lengua que nos ocupa hoy.
El portugués es un idioma tan encantador que no sirve para decir cosas serias. De veras, suena tan bien que ninguna noticia podría parecer trágica dicha en la lengua lusitana.
Ejemplo: “Dois cem crianças são travadas em um fogo da escola” (Doscientos niños están atrapados en una escuela incendiada). Yo sé que ustedes lo están repitiendo con esa tonada musical y adorable de los brasileros.
Por eso están tan contentos en carnaval, esa gente. ¿Cómo van a saber que tienen extensísimas villas miseria si las llaman favelas? Estoy segura de que una favela en castellano sería una variedad de flores: “Déme un ramo de lirios, fresias y favelas, por favor”.
Con las bebidas alcohólicas sucede algo similar. Vodka, ron, pisco, ésos son nombres apropiados para bebidas fuertes. Uno toma caipirinha y no se da cuenta cuando se ha emborrachado, porque ¿cómo hacerlo si se está bebiendo algo con un nombre tan delicado? Parece un nombre de mujer. "Me presento, soy Caipirinha Dos Santos y vengo de Bahía". No sé ustedes, pero yo me lo creería.
Finalizamos entonces con una calurosa felicitación a los hablantes de portugués, pidiéndoles que nunca dejen de escribir poesía, cantar bossa nova y hacer buenas películas (y caipirinha, claro está). Adeus!