1.26.2009

Malas Palabras VI: mejor anécdota

¿Primera vez acá? Leé los comentarios que participaron del concurso de Malas Palabras.

Fue muy arduo elegir la mejor anécdota, todas me hicieron reír mucho. Cada una a su manera es muy efectiva, publicaría todas. Ya que los ganadores anteriores fueron insultos, digamos, sutiles, en esta ocasión me incliné por la barbaridad y chanchez totales: con ustedes, la anécdota de Kuwo, "Golosina". (no lo repitan en sus casas, por favor)


La semana que viene se publica la categoría "Más largo", y por último, la reñidísima "Bien bestia", con la cual daremos por terminado el ciclo de las Malas Palabras.



1.20.2009

Malas Palabras V: Infancia y malas palabras + Finalistas "Mejor anécdota"

En algún momento de la infancia, entendemos que hay palabras que son malas, muy malas, y no debemos pronunciarlas. Entonces ocurre lo lógico: las decimos lo más seguido posible. Las intercalamos en cualquier frase y según ante quién las digamos, esperamos un reto o un festejo.


Recuerdo con asombrosa claridad la primera mala palabra con la que desafié a mis padres. Fue durante una cena. Mi papá estaba contándole algo a mi mamá, y se le escapó esto: “…entonces Fulano le gritó: “¡chupame la pija!, y…”


Me causó gracia. La palabra era muy simpática, así que la repetí: “¡pija!”. Yo tendría unos seis o siete años y no tenía ni la más lejana idea de lo que estaba diciendo. Mis padres me retaron, pero yo advertí -con la sagacidad que sólo se tiene a esa edad- que por dentro se estaban matando de risa. Entonces doblé la apuesta. Me bajé de la silla y empecé a cantar alegremente: “¡pija, pija, pija!”. Ahí se molestaron en serio. Se enojaron y me dijeron que no podía decir eso. No podía, porque era una “mala palabra”. Desconcertada, pregunté qué quería decir.


Ay, la cara de mi papá en aquel momento. La tengo grabada en la memoria. Se atragantó y dijo: “…eehhr. Es…un…lápiz. Eso. Un lápiz.”


Recuerdo que mi mamá lo miró. Luego me miró a mí, y asintió con gesto dudoso.


Fue mi primer registro de que algo absurdo y carente de sentido estaba sucediendo. Es más, fue la primera vez que sospeché que mis padres me estaban boludeando. Como se veían enojados, me callé y volví a sentarme.


Pero supe que esa palabra, la “mala palabra”, era peligrosa; y por lo tanto, atractiva.


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Update concurso:

La categoría Mejor anécdota tiene a los siguientes finalistas, en orden de aparición: Eric, con "El panelista"; Directora de Orquesta, con "Vacaciones"; Novasinfónico, con "El abuelo"; Kuwo, con "Golosina" y Anónimo, con "Inteligencia". Publico la semana que viene.

Pueden leerlos a todos acá. Es para hacerse pis de la risa!



1.16.2009

Malas Palabras IV: primeros ganadores

Primera vez acá? Leé los comentarios de la entrada anterior.

Antes que nada, gracias por participar. Con el inestimable aporte de los lectores, no sólo me he reído muchísimo sino que ahora puteo mucho mejor que antes. Situación que refuerza la sospecha de que los blogs no son formatos literarios como el libro, la revista, el periódico. No somos escritores, no nos engañemos. Habrá algunos que sí, pero no es mi caso: porque Alabelicius es una construcción conjunta entre ustedes y yo.

Decidí publicar mejores insultos por categoría: Mejor anécdota, Bien Bestia, Más Largo y Poder de Síntesis. En el último comentario del concurso puse en dónde clasifiqué a cada uno. Las dos primeras son categorías muy reñidas!

Hoy se publica: Poder de Síntesis, con "Medicina" de Nadasepierde, y "No hay maldad", de ElSeba. Próximamente iré publicando a los demás ganadores.

Mañana, post nuevo.

Y al que no le guste, se puede ir bien a la recalcada vulva de su progenitora!

1.12.2009

Malas Palabras III: coprolenguaje y Concurso

En el post anterior vimos el poder de los insultos de origen sexual. Ahora veremos que sólo aquellas palabras relacionadas con lo escatológico pueden equipararse en violencia sonora: mierda, pedazo de bosta, sorete, y el siempre bien ponderado andá a cagar.
Tanto es así, que es otros idiomas “mierda” es igualmente funcional y maravillosa: shit! merda! 狗屎! (como sea que se pronuncie)
Podemos concluir entonces que la relación entre el desahogo verbal y el corporal no son tan diferentes, al fin y al cabo.


Ahora, lo que les gusta: ¡CONCURSO!*
Un insulto puede medirse por distintas variables: originalidad, violencia, acidez, gracia, elegancia y longitud. Todo esto hace al estilo.
Tienen una semana para dejar todos los comentarios que quieran con los mejores insultos que hayan dicho, escuchado…o recibido. Incluyan el contexto. La puteada ganadora figurará en forma permanente al costado, con link al blog del creador, si es que tiene.



*Cláusula 1: no vale insultar a Natalia Alabel, ni a la madre de Natalia Alabel.
Cláusula 2: lo de permanente es relativo. Es hasta el segundo concurso, si es que esto tiene continuidad.

1.06.2009

Malas Palabras II: dry shell

Existe un patrón bastante evidente. La mayoría de los insultos no referidos a lo sexual son menos potentes. Cuanto más enojados estamos, más nos relacionamos con el impulso primitivo, reproductor, animal.

Salame, tarada, estúpido, infeliz, no tienen la fuerza de la concha de tu madre, chupame la pija o los derivados de puta, que vimos en el post anterior. Y como ya adelantaron algunos comentaristas, es la condición femenina la que suele utilizarse la mayor de las veces. ¿Por qué la amada madre se vuelve una figura ambivalente en el lenguaje cotidiano? ¿Serán rencores ancestrales? ¿Qué es una conchaseca, por ejemplo? (definitivamente no es una caracola muerta, eso seguro)

La mención de los órganos sexuales es tabú. Romper un tabú exige un esfuerzo. Ya que utilizamos las malas palabras cuando nos sentimos violentos, más fuerza tenemos para romper el tabú: por eso dichos insultos son más potentes que otros.

Los tabúes fundacionales son la antropofagia (no manyarse a otro ser humano) y el incesto (eso no se lo tengo que explicar a los pervertidos de los lectores). Imagínense, sin esas prohibiciones, no hubiésemos podido configurar la vida en sociedad. Se sabe que nuestros antepasados vivían a la animal, en un alegre “todos contra todos”. En semejante quilombo, la única que sabía a quién pertenecía el hijo, era la madre.

Ese es el poder tan temido y tan sagrado, el de la reproducción. Por eso conchaseca es un insulto tan fuerte: rompe el tabú y desafía a la condición de poder.



En la próxima: los únicos insultos no sexuales igualmente fuertes, y el concurso.