12.29.2008

Malas Palabras I: el oficio más antiguo

Posiblemente la mala palabra más popular sea la sencillísima y sonora “puta”. A modo de ejemplo, en la entrada anterior apareció en casi la mitad de los comentarios en su forma pura, y derivada en casi todos; “putear” y “puteada” provienen de ella.

Los insultos suelen formarse por derivación. En tal sentido, deténgase el lector un momento a pensar en la cantidad de epítetos generados por esta simple palabra: son unos cuantos, ¿verdad? Y muy potentes todos.
Mis preferidos son los que llamo derivados aumentativos: “Hijo de puta” genera a “Hijo de un vagón lleno de putas”, que de tan original, es casi poética.

Ningún oficio ha hecho tanto por el idioma como el más antiguo, la prostitución.
¿O acaso alguna vez dijeron ¡Andate a la panadera que te parió!?


Lo que viene: esta entrada fue el pie para pensar, en el próximo post, en la relación entre el cuerpo, lo femenino, y las malas palabras.


12.26.2008

Malas Palabras

A mí no me engañan, no. Debajo de la pátina de cultura, correcta ortografía y lingüísticas preocupaciones que el habitué de Alabelicius ostenta, se esconde un malhablado. Un/a bocasucia porteño, chilena, cordobés, patagónica, uruguayo, colombiano, peruana, mexicano, español: a lo largo y ancho de nuestra Hispanoamérica, todos, pero todos, puteamos. Expresamos el disgusto y la rabia con el desahogo que sólo la lengua madre puede darnos.
Insulto va, insulto viene, los invito a un nuevo ciclo en el blog: Las Malas Palabras.



Advertencia: al primero que comente que, en el Congreso de la Lengua,Fontanarrosa ya habló del tema con más elegancia e inteligencia, lo echo por exceso de obviedad.

12.15.2008

El lector habitual sabe que celebro la flexibilidad del idioma. Pero hay algo que debiera ser ilegal: aceptar el término Sicología. ¡Es Psicología, por amor de Cristo!


A mí tráiganme un psicólogo. Con un sicólogo, no me atiendo ni-en-pe-do.




Invitación: desde hace unos días llevo un nuevo blog, Viviendo con Igan. Es el relato de mis aventuras con la medicina moderna. Estáis invitados a leer si os place.

12.09.2008

Cortito

Un conocido se estaba quejando de que la lengua está cambiando, según él para peor.

Y yo le contesté.


Alabel: ¿Sabés cómo se decía “hermosa” en los tiempos de Colón?

Conocido: No.

Alabel: “Fermosa”, con F.


Fin de la discusión.-

12.01.2008

Nunca me gustaron las notas al pie de página cuando estoy estudiando. Me pone en crisis: ¿Interrumpo el texto y voy a la aclaración? Quizá lea algo inútil que me haga perder tiempo. ¿Sigo leyendo y la leo al final? Quizá me pierda una información adicional útil, y dos párrafos más abajo tenga que interrumpir y releer, haciéndome perder tiempo. En ningún caso hay salida.

Imagínense mi ira, entonces, cuando encuentro demasiados links en un texto virtual.

Muchos links ME-JO-DEN. Me pone histérica estar leyendo una nota, post o lo que fuere y, cada tres palabras, encontrar la fuente de otro color y con ese subrayado infame. Me pongo nerviosa porque no sé qué hacer. ¿He de interrumpir el relato e irme a la otra página? ¿Sigo leyendo y sigo los links todos juntos, después?

No puedo achacarlo a las formas de comunicación moderna porque esto ya me molestaba de antes. Pero a veces, quisiera ser una escriba del Japón antiguo: tinta, papel de arroz, y un lindo kimono con flores. Punto.