9.19.2008

La letra I es una vocal peligrosa (parte II)

En líneas generales, todo el mundo está más o menos de acuerdo en que los niños son el futuro. Al menos eso dicen la UNICEF y mi madre. Como creo todo lo que la ONU dice y siempre le hago caso a mi madre, hoy, desde Alabelicius, queremos reflexionar sobre la educación verbal de los pequeños gurrumines.


Tal como se ejemplificó en el post anterior, la vocal I tiene el superpoder de achicar los nombres y las cosas. Como rezan las historietas de superhéroes, un gran poder conlleva una gran responsabilidad; por lo que este post está dedicado a generar conciencia en el uso de la I en los cuentos infantiles.

Nunca comprendí porqué, pudiendo decir:

“Jorge y la ardilla compartieron las frutillas, como buenos amigos”

a los pequeños se les dice:

“Jorge tuvo así un nuevo amiguito: la ardillita del bosque Pipiú, que le llevaba frutillitas tooodas las tardes, para comerlas juntos”.

Esto no es una campaña en contra de los diminutivos, no. Pero noten que cuando decimos “amiguito”, “ardillita”, “frutillita”, estamos disminuyendo un poco al amigo, a la ardilla, a la frutilla. Un amigo y un amiguito no son lo mismo. Son tan diferentes como un novio de un amigovio. Como una vaquita de San Antonio de una cucaracha.

Por supuesto la letra I remite a cosas tiernas. Eso no es malo, al contrario. Lo malo es cuando reduce la dimensión de las cosas, las simplifica, empequeñece, disminuye, y consigo, disminuye el entendimiento.


Fíjense en la cantidad de autores “para grandes” que pueden ser leídos, o relatados, por chicos: Wilde, Dahl, Stevenson, Verne, los Grimm, Shua, Pescetti: en ninguno, nunca, van a encontrar abuso de letra I. ¡Jamás! Está científicamente comprobado por la UNICEF. Las mitologías precolombinas, asiáticas, griega, británica, también son fuente inagotable de material.

Pero no. Los pequeños son cargoseados por libros de tapa dura y colores chillones, cuyos infames autores abusadores de la vocal estirada no mencionaremos en aquí.


La letra I es una vocal peligrosa: rogamos manejar con precaución frente a los menores.



-Una cosa más: me indigna pensar en todos los buenos autores que me estoy olvidando. Toda colaboración del lector será bienvenida.-





9.14.2008

La letra I es una vocal peligrosa (Parte I)

Chuchi, amorci, brujita, gordi: no sé cómo será en otros países, pero acá en Argentina, las parejas gustan de llamarse con inverosímiles apodos de amor. El caso más claro es la palabra gordo, que se transforma en gordi. Si lo gordo llama a lo desbordado y enorme, con gordi se convierte en rechoncho, acolchado y pequeñito. Las Natalias pasamos a ser Natis, que son más simpáticas y mucho menos acomplejadas.

Ahora bien, el lector más o menos avispado habrá notado que podemos distinguir un patrón en la masa de apoditos felices: la mayoría tienen la letra I. Dicha vocal tiene el superpoder de achicar los nombres y las cosas, cualidad de la que hablaremos en próximos posteos.



Volviendo a los apodos, imagine el lector si se volvieran realidad. Digamos que, por un día, nos transformamos en aquello como nos llaman. Imagínense una calle repleta de brujas, corazones caminando y alegres morcillas tomadas de la mano (a mí amorci me suena a morcilla).

Podríamos ir a la verdulería y ver algo como una bebota comprando berenjenas a un chuchi verdulero. O un corazoncito preguntando por el kilo de mandarinas.



Desde ya, los lectores están invitados a comentar cómo son re-nombrados y cómo re-nombran cuando están, ay, enamorados.

Empiezo yo: mi pioresnada suele llamarme chus. No lleva I, temina en S y lleva CH, así que todavía sigo pensando qué me quiere decir.

9.05.2008

¡Acosada!

En general, Alabelicius es un blog sencillo. Aquí hablamos de juegos de palabras, hacemos sinestesias, reflexiones filológicas, y la mayoría de las veces, se dicen alegres pavadas que a nadie molestan. Los lectores y yo somos felices así.


Pero ayer, algún anónimo tuvo la fantástica idea de publicar mi teléfono celular en un comentario.

Molesta, borré no sólo el comentario sino la entrada entera, que sólo unos pocos comentaristas llegaron a mirar. Hasta aquí, nada del otro mundo; alguien -quien no identifico- tenía mi celular, lo publicó, yo lo borré. Fin.


Nada del otro mundo, hasta que, a la media hora, empezó a sonar mi celular. “ID bloqueado”: no podía ver el número. Atendí, pero nadie me respondió. Sucedió repetidas veces. Alguien llamaba, y se quedaba mudo ante mis preguntas.





Y como los lectores ya deben sospechar, me asusté mucho.





Demasiadas películas y poco aire libre, de acuerdo; pero me asusté igual. Al punto que apagué el celular durante la noche para que los llamados dejasen de interrumpirme. Y habilité la molesta moderación de comentarios, que francamente no soporto en blogs ajenos.


Ahora yo digo: tan importante soy para que me persiga un asesino serial?! Pero andate a ver Dexter, querés.




Update: Había quitado la opción de poner comentarios en este post. Pero dado que me llegaron mails y llamados sobre el tema, dejaré la opción abierta, siempre con la estúpida moderación primero. Y encima, el imbécil estuvo publicando mi teléfono en otros blogs. Si lo descubro lo depilo con un pelapapas.-