7.30.2008

Idea Argumental

En guión, se acostumbra a utilizar la Idea Argumental. La IA es una frase o conjunto de frases muy breves que de alguna forma condensan la trama del filme. Escribir la IA de una película requiere una capacidad de abstracción muy importante.

Ejemplo: “Dos jóvenes se aman profundamente, pero su amor es impedido por sus respectivas familias, que se tienen un odio ancestral”. Ya saben de qué hablo.


Aunque parezca una obviedad, los buenos blogs poseen una característica similar.

Ejemplos: “una docente cuenta sus experiencias en escuelas de la villa”/ “un fumador de marihuana deja constancia de las cosas que se le ocurren cuando está dado vuelta”.


¿Se entiende el concepto? En ese caso, los invito a comentar cúal creen que es la Idea Argumental de Alabelicius…y más importante aún, la de sus propios blogs. Prometo responder todos los comentarios.

7.24.2008

Una aventura de Elisa Bestseller

No tengo nada decente ni digno de ser leído, pero debo intentar escribir algo para mi editor -el señor Serra-.
Escribir se me complica cuando no estoy inspirada, porque las musas, que son unas griegas propensas a las orgías, prefieren a los hombres. Evidentemente, como los trovadores eran varones, los griegos jamás se preocuparon por estas cosas. Debiera haber musos. Eso sí es algo que podría reclamar a la editorial. “Señor Serra, exijo un muso personal cien por ciento dedicado a mi inspiración particular”. Luego lo convencería argumentando que podría aumentar mi producción literaria al triple de mi capacidad, y por ende, sus ventas.

7.17.2008

Juegos de Palabras II

Hay palabras que tienen una sensación sonora muy diferente al significado real. Piensen, por ejemplo, en palabras crueles. Muerte no vale. La palabra tiene que sonar cruel.
Tubérculo, cornisa, transgredir, nefropatía...
Si son como yo, pueden pasarse horas pensando palabras románticas (libélula, labial), palabras cuadradas (esquizoide), palabras redondas (oblongo), palabras pantanosas (gangoso), y así indefinidamente.

Pero hoy necesito que me presten palabras crueles.

7.14.2008

Hospital

Alicia suele tener pesadillas.
Se despierta como en las películas: se levanta de la cama de golpe, sudada, aullando. Sí, aullando. Grita como si de verdad el mismísimo diablo estuviera frente a ella.
En general sus pesadillas incorporan elementos fantásticos, de los clásicos. Fantasmas, insectos, vampiros, serpientes y niñas muertas en plena descomposición. Cuando están a punto de atacarla, grita.

Dos noches atrás se acostó con fiebre. Una gripe incipiente. Esa noche, soñó con un campo amarillo. Todo el sueño fue amarillo y rojo.
Había un espantapájaros, a lo lejos. Alicia caminó hacia él. Estaba preocupada aunque no sabía porqué. De la nada, un niño apareció caminando junto a ella. Alicia comenzó a llorar dormida, nerviosa, angustiada. Quería llegar al espantapájaros antes que el chico, era imperioso que así lo hiciera. Éste empezó a correr; Alicia también. Era más rápido que ella. Alicia comenzó a chillar. Antes de tocar el espantapájaros, el chico se dio vuelta y habló a Alicia.
“No te preocupes por esto. Lo que nos tiene que preocupar es Inés Borsalino”.
Apenas mencionado el nombre, el espantapájaros se dio vuelta y Alicia gritó.

Gritó hasta que sus propios aullidos la despertaron.

Alicia no recordaba a nadie que hubiera pasado por su vida, con ese nombre. “Inés Borsalino”. Quién era, qué significaba. Con temor supersticioso, la buscó en Internet. Nada. Ineses por un lado, Borsalinos por otro. Juntos, nada.

Esta tarde Alicia salió de su trabajo y se distrajo al cruzar.

En este momento Alicia está abriendo los ojos. Está en una camilla. La enfermera es vieja y muy delgada. Todavía se hace la permanente en el pelo.
Su nombre, ya lo sabés.

7.10.2008

Juegos I

Me divierte muchísimo jugar con las palabras. Son elásticas, escurridizas, a veces esdrújulas, y sirven para pintar. Sobre todo eso: las palabras sirven para asir el mundo, describirlo, entenderlo, modificarlo.

Me divierte escribir sinsentidos como:
Abatatados tubérculos asombrados observan atrevidas anaranjadas zanahorias.

¿Quién me regala un juego de palabras?


7.06.2008

Alabelicius es el sueño de un chico lindísimo (parte II)

Juan Pablo me contó que esa noche había soñado conmigo.

El profesor estaba retrasado. Estábamos sentados en el fondo del aula, en una esquina, alejados del resto. De todas maneras, en ese momento no podía percatarme de la gente a nuestro alrededor. Toda mi atención estaba puesta en el relato de Juan. Yo era un manojo de nervios y expectativas.

JUAN PABLO

Sí, soñé con vos anoche…yo estaba en el programa de Sofovich.


ALABEL

…!


JUAN PABLO

Venía Gerardo con la manzana y yo la partía, y Gerardo me decía, “¡Te ganaste todos los Alabelicius!” ¡Qué flash!


ALABEL

¿Y yo cuándo aparecía?


JUAN PABLO

Vos estabas en la tribuna con todos mis amigos.


ALABEL

Ah. Y vos ganabas los… “alabelicius”.


JUAN PABLO

Sí, pero no sé qué eran, porque me desperté. Uh, llegó Calvini.


Creo que comenté que Juan era canchero y divertido, y que eso me atraía…en fin.

No llegamos a concretar nada. Aunque sí se acostó con una amiga que le presenté. Años más tarde lo volví a encontrar, en Retiro. Me tocó el hombro un tipo con entradas, la cara redonda, la pancita de cerveza. Había dejado la carrera y trabajaba en un kiosco de diarios.

Por lo tanto, Alabelicius es el sueño de lo que no es.

7.02.2008

Alabelicius es el sueño de un chico lindísimo (parte I)

En mi vida, los Juan Pablo son un verdadero karma. Hoy, el caso número dos.
Tiempo atrás, cursaba yo una materia cuya única importancia revestía en la presencia de un compañero: Juan Pablo Malaver. No hay gran cosa que explicar. Juan era alto, delgado, morocho, canchero, y se sabía atractivo. No era complicado...no había mucha competencia alrededor...pero, ay, Naty Alabel estaba de novia.
Una mártir de la fidelidad, me creía yo. Entre amigas que recomendaban darle para adelante, amigas que me juraban que se me iba a pasar el metejón, Juan se sentaba más cerca cada clase. Por cada banco que acortaba la distancia, la culpa me crecía dos veces más.
Y el instinto del placer, tres.
Una mañana faltó el grupo entero. No había en quién refugiarse...en realidad tampoco valía la pena hacerlo; disfrutaba pasar el rato con este chico tan parecido al Trent de "Daria" (pero sin la cuestión deprimente).
Juan me contó que esa noche había soñado conmigo.