6.21.2008

Presentación.

Estoy anonadada. Asombrada, estupefacta ante la revelación. Bueno, estupefacta realmente no, porque de inmediato me puse a escribir.

Yo tengo un serio problema.

Me encanta escribir, siempre lo hice. Pero me da temor hacerlo. Me cuesta horrores enfrentar la hoja en blanco, el vacío. Y más aún me cuesta continuar: después del impulso inicial, la fuerza motora se desvanece poco a poco. Sostener la trama, anudarla y desanudarla, me hace transpirar. De manera que aquí, en el trabajo, único sitio en que tengo acceso a la web, sólo me dedicaba a leer blogs ajenos. Y digo sólo, porque evidentemente he decidido tener uno.

Hablé sobre una revelación. Y así fue, entre llamadas y cadetes que entran y salen, pedidos de motos y preguntas del tipo “¿cuál es el interno de Mengano? (como si no estuviera en la intranet disponible para todos), ahí, en medio del aluvión de cosas tuve una epifanía:

Mi problema para sentarme a escribir, aunque me apasione, es que no está destinado a nadie. A nadie muestro lo que escribo.

Ustedes se preguntarán si no hubo excepciones. Sí las hubo. He mostrado algunas cosas: cuentos brevísimos, guiones de cortometraje. En general, con buena recepción.

Yo me pregunto si alguien leerá esto, si le gustará. Si criticará la forma impúdica en que mezclo tiempo presente y pasado, y la desvergüenza con la que me permito jugar a la escritora.

Si a alguien le interesa.